Lo que aprendí facilitando Design Thinking para psicólogos clínicos

Michael MüllerDesign Thinking, Innovación, Talleres

El 16 de mayo entré a un aula de la Universidad Católica de Guayaquil con 26 estudiantes de la Maestría en Psicología Clínica. Primera vez que facilitaba Design Thinking específicamente para este perfil. Llegué con el proceso claro, sí, pero también con una dosis extra de humildad. Porque trabajar con personas cuyo oficio es comprender la mente humana te pone en un lugar distinto como facilitador.

Lo que encontré (que sí esperaba)

La empatía en Design Thinking suele ser el paso que más cuesta en los talleres corporativos. Hay que explicarla, practicarla, convencer a la gente de que vale la pena detenerse a escuchar de verdad antes de saltar a soluciones.

Con psicólogos clínicos, ese problema no existe.

Para ellos, la escucha profunda no es una técnica de taller: es su materia prima diaria. Escuchan lo que se dice, lo que no se dice, el tono, la pausa, la contradicción. Cuando conectamos esa capacidad con las herramientas de Design Thinking, algo se encendió en la sala. Las entrevistas de empatía no fueron ejercicios; fueron conversaciones reales.

Ese fue el primer aprendizaje del día, y fue mío: una metodología cobra una dimensión completamente nueva cuando la usan personas que ya dominan su capa más humana.

¿Qué pasa si el sistema de atención psicológica que conocemos también puede ser rediseñado? ¿Qué friccionas existen en la experiencia del paciente que nadie ha nombrado porque parecen inevitables? ¿Dónde están los puntos ciegos en los modelos de intervención actuales?

No estábamos proponiendo reemplazar nada. Estábamos expandiendo el campo de lo posible.

Por qué la innovación es urgente en salud mental

Hay una narrativa que me incomoda: la de que la innovación es para startups, equipos de producto o empresas tecnológicas. Como si el pensamiento creativo fuera un lujo de quienes no trabajan con cosas serias.

La salud mental es una de las disciplinas donde la innovación es muy relevante y probablemente postergada.

Los modelos de atención están siendo transformados por la salud digital, la inteligencia artificial, los cambios en los patrones de consulta post-pandemia, las nuevas formas de vulnerabilidad social. Ningún manual clínico se actualiza tan rápido como cambia el mundo que esos manuales intentan describir.

Un profesional clínico que solo es un excelente técnico va a encontrar cada vez más problemas que sus herramientas actuales no alcanzan a resolver. Uno que además piensa con agilidad, cuestiona supuestos y sabe generar soluciones iterativas tiene una ventaja real: puede adaptarse sin perder el rigor.

La mentalidad importa tanto como la metodología. Eso no es un slogan. Es lo que vi demostrado en esa sala durante varias horas.

Lo que me llevo

Facilitar este taller me dejó con una convicción más firme y una pregunta abierta.

La convicción: el Design Thinking necesita llegar a las disciplinas de salud con mucha más frecuencia y con mucho más respeto por su contexto específico. No se trata de imponer una metodología de Silicon Valley en un consultorio. Se trata de ofrecer herramientas de pensamiento que complementen lo que estos profesionales ya saben hacer extraordinariamente bien.

La pregunta: ¿por qué esperamos hasta la maestría para introducir estas conversaciones? ¿Cuánto ganaría la formación clínica si desde el pregrado se entrenara también la capacidad de observar sistemas, detectar patrones y diseñar intervenciones desde la perspectiva del usuario?

No tengo la respuesta. Pero me parece una pregunta que vale la pena hacer en voz alta.

Gracias a la UCSG por la confianza. Y gracias a estos 26 profesionales que llegaron dispuestos a incomodarse un poco, a cuestionar lo conocido y a imaginar su práctica de otra manera.

QUIERO DAR EL SIGUIENTE PASO

¡Aprende Design Thinking!